sábado, enero 12, 2013

Bruno Schulz, la recepción del sentido más profundo


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Una vez vi a un prestidigitador. Aislado en el escenario, delgado, perceptible desde todos los ángulos, mostraba su sombrero de copa y su vacío blanco, al fondo. Protegiendo de esa manera su arte contra toda sospecha de engañosas manipulaciones, trazó en el aire, con su varilla mágica, su enredado signo mágico y en seguida, con exagerada precisión y evidencia, procedió a sacar del sombrero lacitos de papel, cintas de colores, centímetros, metros y, por último, kilómetros de bandas.
El cuarto se atestaba de aquellas masas de colores, se volvía claro con ese millar de multiplicaciones, con la ligera y espumosa gasa, con luminosas acumulaciones y, mientras él no dejaba de desmadejar ese hilo sin fin a pesar de las asustadas voces, llenas de maravillada protesta, hizo ostensible que no costaba ningún esfuerzo, que esa abundancia no procedía de sus propios recursos, que, simplemente, se habían abierto yacimientos enterrados, cuyos frutos nada tenían que ver con las medidas y cálculos humanos.
Entonces, alguien predestinado para la recepción del sentido más profundo de aquella demostración, se alejó pensativo, iluminado interiormente, penetrado por la verdad que le invadió: dios es infinito…
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