lunes, enero 09, 2012

Javier Cófreces-Alberto Muñoz: Tigre

Aguaribay


Mira, abuela
aquél árbol que agoniza
amortajado en su raíz

¿Qué podemos
darle como alivio?
¿Azúcar?

Mira aquel otro
que ya es leña
agusanada y podrida

Atrás quedaron
su color y
su movimiento

Una vez
cantaste, abuela
una canción de amor

Yo sufría
y el río
traía camalotes

Mi madre, lejana
había muerto de peste

Y mi padre
de extrañarla
en otro suelo

Tú cantaste
la canción
para distraerme

Todo lo recuerdo
cuando llega
el otoño

Ahora
nos quedamos solos
tú y yo

Sin compañía
sin hojas y sin nada
de nada

Cántame, abuela
aquella canción
cántala nuevamente

Que no quiero
morir
como mi padre.



Almanaque isleño

febrero

Los cuerpos presentan sequedad cutánea severa, eczemas atópicos, estrías atróficas como las del cascarudo, eritemas, escaras, heridas y quemaduras. Las señoras van con su librito y su silla plegable buscando un lugar para echarse al sol. Los pájaros prenden fuego el archivo de la naturaleza. La tierra seca impide abrir un pozo para enterrar la caja de fotos familiares. La escasa sombra se fatiga entrando en los almacenes para pedir bebidas frescas. Las noches se comportan como sirvientas mecánicas acercando las estrellas de menor luz. El agua es cálida y se inscribe en el diagrama suplementario de las algas con simetrías. Las islas preparan el espejo que arde, pero el poder curativo del barro es aliviador, alejado de su belleza brutal y administrado con maestría sobre espaldas y nalgas. El barro en los párpados permite contemplar una ciudad de larvas.

Véase: Tigre, de Javier Cófreces & Alberto Muñoz. Ediciones en Danza 2010.
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