miércoles, septiembre 21, 2011

Olga Orozco, como siempre, en primavera

En abril o en octubre

Abril es el mes más cruel, engendra
lilas de la tierra muerta, mezcla
recuerdo y deseo, despierta
con lluvia primaveral inertes raíces.
T.S.Eliot: La Tierra baldía


¿Qué el más cruel de los meses es abril, es decir nuestro octubre?
¿Sólo porque da brillo a la esperanza y sopla sobre las cenicientas ascuas?
Quizás porque supones que todas las primaveras son perversas,
que humillan agonías y tratan de abatir de un golpe avieso,
de un verdor que despliega su abanico d plumas en un joven alarde,
desdeñoso, insolente,
la rama que no ha muerto,
esa que resistió debajo de la escarcha los castigos del viento,
los menudos puñales de la lluvia y la embestida de la fiera.
Yo, hija de hombre, ya sé desde el principio de mis noches
que toda carne es hierba, y se doblega y cae como paja,
pero si no despierta la hierba sofocada y se alza nuevamente como hierba,
y si el deseo sólo se prolonga en vanas humaredas fantasmales,
no es culpa de tu abril, sino de nuestro agosto que secó toda gloria,
carcomió sin piedad las cortezas del mundo
y sepultó hasta el reino más negro de las sombras las visiones doradas.
Sí, sí, reconozco ese olor de humedad subterránea, de jardín clausurado,
ese sabor de exilio en las arenas de la boca,
el tacto de la nada.
Pero yo, hija de hombre, igual te digo que cuando en un abril o en un octubre,
aunque sea lejano, ya casi como nunca,
abriste por una vez, por un instante, las puertas de tu irrecuperable paraíso
y te invadió la luz de aquella primavera,
aprendiste de una sola mirada la mirada del sol de cada día
que alza su altar también sobre las aguas muertas, sobre la dura tierra,

sobre la hierba seca.

*Del libro Con esta boca, en este mundo. Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1994
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