domingo, octubre 17, 2010

María del Carmen Colombo: Cuenco*

Cuenco


“Si la vida tiene una base sobre la que sostenerse de pie,
si es un cuenco que se llena y llena y llena,
en este caso mi cuenco, sin la menor duda,
se apoya en este recuerdo.”
V. Wolf


En el patio de casa, sentada en una sillita, miro cómo una paloma picotea miguitas del piso. De pronto, una agitación de alas en el aire.
Levanta vuelo la paloma.
Mis ojos, siguiéndola, se alzan y encuentran el cielo lejano y muy azul, manchado con algunas nubes gordas, espumosas, y después a mamá, que está colgando ropa allá, arriba, en la terraza.
Mamá se pierde detrás de una sábana, su cuerpo, velado, parece resistir el flujo y reflujo de la tela, agitada por el viento. Después, ella desaparece, ¿ya no está ahí? Me desespero, tengo la impresión de que el patio se agranda, el cielo se viene encima.
Me levanto de mi asiento y la llamo, y justo cuando estoy por llorar, la cara redonda y blanca de mamá se asoma por el hueco que se forma entre dos prendas. Sonríe y me dice algo que no alcanzo a escuchar.
Quieta, más bien paralizada al lado de mi silla, la veo aparecer esta vez de cuerpo entero, sale toda ella de detrás de una colcha como de un telón, y vuelve a ocultarse; una, dos, tres, cuatro veces se repite esa coreografía, hasta que mamá se desprende de la última sábana y empieza a bajar lentamente por la escalera mientras se arregla el pelo alborotado.
Ahora viene lentamente hacia mí. Está cerca, muy cerca; se agacha y sus brazos me sujetan. Yo hundo mi cabeza en el cuenco esponjoso de su pecho: siento el olor fresco de su piel, mezclado con el perfume a sopa que parece desprenderse de las flores celestes de su batón.

*Texto inédito.
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