jueves, octubre 01, 2009

Juanele: Fragmentos de un testimonio*

Preeminencia del paisaje
(…) no veo en el paisaje, como Sartre dijo muy bien, solamente paisaje. Veo, o lo trato de ver, o lo siento así, todas las dimensiones de lo que trasciende o de lo que diríamos así, lo abisma. Es decir la vida secreta por un lado y la vida no solo con las criaturas que lo habitan o lo componen sino con las otras cosas con lo que está relacionado, no solamente en el sentido de las sensaciones (…).

Cincelar en oro etéreo
Las primeras influencias fueron las de Lugones, aunque nunca he sido lugoniano. En su poesía me molestaban los alardes, la poesía enfática. Era un modelamiento en metal de la expresión y en metal pesado, relumbrante. Agréguele a eso todas las piedras preciosas, porque había un derroche de piedras preciosas, crisoles. (…) Juan Ramón Jiménez decía: “cincelar en oro etéreo”, porque estamos cargados de oro macizo. Lo de Lugones era oro, pero un oro muy pesado.

La repetición de palabras
Yo creo, apoyándome en Pavese, que esa repetición podría justificar cierta autenticidad, porque cuando uno repite las palabras, es porque esas palabras son significativas y porque pueden ser resonancia o reflejo de lo que también Pavese llama mitos que vienen de la infancia. Si la insistencia fuera (…), el reflejo de una mitología profunda (…) no se relacionarían a veces solamente con la mitología individual, sino que están dentro de un aura que no llamaría mitología, pero sí ciertas creencias flotantes, inconscientes, en determinado ambiente, están en ciertas palabras de la gente, en ciertas fábulas, en ciertas expresiones diría, inconscientes, oblicuas, soslayadas. Eso en cuanto a lo colectivo. En lo individual, la insistencia para mí, ahora, en lugar de hacerme sospechoso de monotonía, me afirma en algo que está más allá de la conciencia. (...)

Valor independiente de la palabra
(...) A pesar de sentir tanto la individualidad de la palabra, no la siento como absoluto, como en el simbolismo, por ejemplo, forma independiente o destacada. Sin dejar de sentir lo que llamaríamos la virtualidad de la palabra, porque me he formado en eso y no pude evitarlo. La virtualidad no solamente sigificativa sino musical, la totalidad de la palabra. No olvide usted el soneto de las vocales de Rimbaud (...).
Uno trata de acuerdo a sus posibilidades de dar el sentido más puro a la palabra, sin que esto signifique que la palabra esté aislada. Porque la palabra se exalta en realación con las otras y con el ritmo que envuelve, que empujam que es lo que se relaciona con el tiempo en la poesía y que es en realidad lo que da a la palabra su valor.
Poesía que evoca el silencio
Yo lo siento así. No hay que olvidar que tengo también un poco del simbolismo en el sentido musical, pero no en la música en sí, diremos, lo que puede ser música para los oídos del sentido literal, sino esa otra música, esa cosa que hay más allá de la música, como el mismo Debussy en la propia música dice, que no es la evocación del silencio sino la sugerencia de algo que está germinando y que va a florecer y que no puede definirse. Es decir el devenir, es decir el tiempo más que los momentos esos de la eternidad donde uno pudo sentir como un vértice (...).

* Respuestas extractadas de la entrevista realizada por J. Bignozzi a Juanele, en junio de 1968, incluida en la antología Juanele, publicada por Carlos Pérez Editor en 1969. El subtitulado es mío.
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