viernes, enero 09, 2009

Esther Andradi: El desafío de vivir en otra lengua

Reproducimos a continuación la nota de Luis Fayad acerca de la escritora argentina Esther Andradi (extractada de"Rinconete", Centro Virtual Cervantes --cvc@cervantes.es--).

Vivir en países de idiomas diferentes al suyo ha hecho reflexionar a la escritora argentina Esther Andradi sobre lo que significa la misma circunstancia para otros escritores. En sus propios relatos se comprueba que a sus viejos escenarios se han agregado unos nuevos, los que han estado a su paso y los que le han servido de nueva vivienda, pero no han cambiado las palabras con que los recuerda. Su pregunta es cómo actúa en la literatura de los otros ese traslado a mundos de otros sonidos. Basándose en algunas respuestas ella se adelanta a sacar sus conclusiones y dice que ese lenguaje que puede enloquecer a los traductores por la diversidad de temas y detalles, lleva la marca del escritor que vive en otra lengua, ninguna palabra es inocente.
Su curiosidad se amplió y para hacer del lector su cómplice y darle muestras de creación y no de teoría, publicó un libro titulado Vivir en otra lengua, con trabajos de escritores latinoamericanos que tienen su residencia en los países europeos, excepto en España. Las otras lenguas son el alemán, el inglés, el francés, el italiano, cualquiera que signifique un encuentro diario con la persona que hace del lenguaje su oficio. En esta indagación de las experiencias ajenas también existe la intención de reafirmar coincidencias con su propio trabajo, y encontrar situaciones personales que estaban ocultas y se descubren durante la charla literaria. El anhelo y el interés por practicar una vuelta a los orígenes de su vocación de escritora, un regreso con el que también se identifican sus libros de creación, una vuelta para recobrar los años recientes y los lejanos de la infancia. En sus primeros libros, Come este es mi cuerpo y Tanta vida, los relatos se suceden como trozos de una intimidad que se les revela a los demás y que resultan un rescate personal con estructura de novela, un espejo para mirar los momentos que llenaron el paso de los años.
La distancia en el tiempo y de los primeros lugares sirven de inspiración para unas prosas que llevan el sentimiento de los homenajes, como en su libro Sobre Vivientes, pero no para glorificar el regreso sino para aclarar la intimidad con las cosas que hablan de sí mismas y de quien las evoca. Aparecen las estampas de los sitios y de las personas que ahí viven y llevan a cabo sus ocupaciones, de los oficios que cada vez son más raros, la carpintería y el carpintero, la mercería y su única vendedora, y de los que permanecen y a los que se les desea larga vida, la librería y su auténtico librero, los depósitos y cuartos trasteros de las casas que esperan los objetos sobrantes. Una vieja colección que renace después de haber sido trasladada a una sociedad de otro continente. En su novela Berlín es un cuento, se lee: «Contar la historia desde la fiesta y el regocijo, el placer y el nacimiento de una nueva cultura», «De tanto viaje la vida se nos quedó en el camino. Nuestro lugar es tránsito, nuestra tierra el movimiento», «El otro, el verdadero corazón nos está añorando desde alguna parte». Los personajes se encuentran en Berlín, en Argentina, en Perú, en ciudades donde se acumulan las aventuras que luego coinciden en un solo sitio. A la protagonista, según se describe, la sostiene en sus momentos de indecisiones y luchas una pertenencia, convertida en riqueza, que trae desde su punto de origen: «¿Qué sería de ella sin la poesía, si le faltasen el par de libros que trajo en su maleta? ¿Qué sería de ella si nadie nunca jamás le escribiera una carta en su idioma?»
Todo lo que va y viene, no solo los lugares sino las relaciones con las personas y las cosas, con los cambios que los viajes ejercen en la existencia, oír y aprender otros idiomas para quedarse en el suyo y evocar su mundo, volver a lo que se conoció cuando no se tenía nada más que eso.
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