lunes, octubre 27, 2008

Lucio V. Mansilla: Himnos caninos*

"(...)
Los indios no les dan de comer a sus perros, y, sin embargo, tienen muchos; en cada toldo tienen una jauría.
Los pobres viven de los bichos del campo, que cazan, o como los avestruces, pescando moscas al vuelo.
El hambre les hace adquirir una destreza increíble. Mosca que zumba por sus narices va a parar a su estómago.
Los tratan con la mayor dureza; el que no está lleno de chichones tiene alguna cicatriz agusanada.
Es lo que sacan cuando se acercan a algún fogón, o cuando al carnear una res se arriman tímidamente a ella para chupar siquiera la sangre que riega el suelo.
Las chinas son las que tienen alguna compasión de ellos.
Son sus compañeros inseparables. Van al monte y al agua con ellas; con ellas recogen el ganado; y al lado de ellas duermen.
A los indios no los siguen jamás.
En mi fogón se dieron una panzada que debe haber hecho época entre ellos.
En esta hora deben estar cantando con himnos caninos, y en el mismo bronco lenguaje con que ladran a la luna por no decir adoran, la generosidad y espléndida magnificencia de unas gentes extrañas, que anduvieron por allí, con caras desconocidas, vistiendo trajes que no habían visto jamás y hablando un idioma ininteligible, aunque agradable a su oído.
(...)"
*Fragmento del capítulo 44 de Una excursión a los indios ranqueles, de Lucio V. Mansilla.
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